Desayunamos a las 9,10h en el mismo precioso hostal. Nos ha encantado la habitación y el servicio. La única pega era el edredón para cama individual con la que nos hemos "peleado" Cris y yo en la cama de matrimonio.
Al ser una isla, impera gran humedad en el ambiente, eso favorece que dispongamos de deshumidificadores en muchos alojamientos, como ha sido en éste.
Mirar en que entorno tan encantador hemos dormido:

Y al lado opuesto teníamos el océano Pacífico. Aquí lo tenéis de fondo de este ave que nos ha dado los buenos días con una bonita serenata:

Iniciamos la ruta a las 9:45h, hoy nos vamos a programar mejor porque ayer se nos hizo tarde para comer y cenar y aquí los horarios son un poco diferentes. Por ejemplo, más tarde de las 20,30h encuentras muy pocos restaurantes abiertos.
Nada más salir, nos topamos (literalmente, pues desconocíamos su existencia) con "The Golden Waterfall":

Por la carretera nos encontramos con un portalón de entrada a un templo (imaginaros el templo):

Hacemos una visita de una hora a Juifen. La visita de ayer fue fantástica pero nos supo a poco. Hoy, y al ser de día, no destaca la calidez de los farolillos. Volvemos a hacer muchas fotos parecidas pero con luz diurna.
Continuamente pasamos cerca de templos, no podríamos decir fácilmente a que religión pertenecen. ¿Taoístas, Budistas, Confucionistas...?). En este país conviven muchas creencias y algunas coinciden en un mismo templo.

Como podéis ver todavía no han abierto todas las tiendas aunque hay más operativas que la noche anterior.

Una tienda que sólo vende brochas y brochitas para la caligrafía china.

Una tienda como muchos tipos de pescado y marisco rebozado. Destaca a la izquierda la piruleta de calamar aplastado.

Es un país con unos precios asequibles en casi todo. Por ejemplo, la gasolina cuesta 0,8 euros y es fácil comer por menos de 10 euros en restaurantes y por la mitad en puestecitos que los hay por doquier.
Desde Juifen podemos ver la costa irregular i algunas islas de las casi 200 que tiene el conglomerado taiwanés.

Las casas más famosas de Juifen:

Un grupo de personas mayores ataviados para un trekking en una de las pocas plazas que hay.

Una de las empinadas calles:

Coincidimos con un rodaje de alguna película. Aquí parte del equipo de producción y un actor.

Al ser calles angostas, el transporte se realiza con mecanismo originales como esta moto con remolque:

Siguiente parada Shifen waterfall del río Keelung, la cascada más grande de Taiwán. Para verla hay que recorrer unos 2 km desde el centro de visitantes. Entrada gratuita. Aquí un pilar sobre el que se anclan los tensores del puente de entrada al recorrido:

El segundo puente:

Al principio del camino nos acompaña un Colirrojo Tizón:

Una cascadita preludio de la grande:

Un pequeño lugar de rezos y plegarias cuando ya suena la cascada.

Y aquí la tenemos desde arriba:

Desde en medio:

Y desde abajo:

Volvemos por un camino muy tranquilo y húmedo por la pulverización del agua precipitada.

Volvemos a nuestro coche.
Pasamos cerca de Pingxi, aldea que se ha hecho muy famosa por la celebración de la suelta masiva de farolillos encendidos. Este año se realizará el 27 de febrero y el 3 de marzo pero nos percatamos que hay algunos volando. Suponemos que el turismo intenso ha repercutido en su extemporaneidad.


Suponemos que será un bello espectáculo pero también tiene un lado oscuro ya que los farolillos acaban cayendo en el entorno.

Conducir por Taiwán no es difícil pero exige prudencia y conocer algunas reglas diferentes a las nuestras, por ejemplo, el semáforo rojo intermitente es equivalente a un stop.
Nos están deleitando muchas de las cosas que vemos y vivimos aquí ya que son muy diferentes.
Un pequeño taiwanés saliendo de clase:

Esta isla tiene la mitad Este (por la que actualmente estamos pasando) muy montañosa, eso hace que la carretera, en este caso autopista, transcurra por largos puentes y túneles.

En uno de los más extensos nos "persiguió" este vehículo que encendía luces superiores y unas lunes intermedias que parecían dos ojos que se iban apagando como cuando se cierran los párpados. Esto junto con unas voces salidas de megafonía y que no podíamos salir del carril nos inquietó durante unos minutos. Dudamos si era un vehículo policial, de emergencias o un "Transformer". Cuando salimos del túnel nos pasó y resultó ser una camioneta refrigerante. Más tarde pudimos comprobar en otros túneles que en sus interiores van sonando consignas por altavoces.

Paramos en Jiaoxi, ciudad con gran número de restaurantes. Comemos superbien y servidos por un joven superamable.
En general, las personas que nos estamos encontrando son muy atentos y agradables. Si eso lo juntas que hay una gran seguridad y gran respeto, confiere a la visita un gran plus de tranquilidad.
Jiaoxi y los municipios cercanos que hay hasta la zona montañosa está repleto de campos de arroz, en la mayoría sólo se ve agua y algunos, como en el siguiente, tallos en desarrollo visibles.

A las 18:40h llegamos al hotel de Hualien. Aquí coincidimos con una pareja de argentinos. El chico tiene ascendencia taiwanesa y ha venido a conocer la isla.
Nos acercamos al centro engalanado más que en otras épocas porque el 17 de febrero se producirá el cambio de año chino. Será una gran celebración que se vivirá en toda la isla y que ¡la podremos disfrutar!

Cenamos, no sea que nos cierren pronto, alguna pizza, ensalada y brochetas.
Nos suponemos que Hualien está preparando el nuevo año con gran cantidad de actos, vemos que hay montados escenarios, ferias, exposiciones...


En el siguiente montaje han recogido los dibujos de caballos que han hecho escolares de primaria ya que a partir del 17 se celebra el año del caballo (ahora estamos en el de la serpiente).

Última visita del largo día: Dongdamen Night Market, un conjunto de puestos de comida, juegos, actuaciones musicales, comercios de todo tipo, etc. repartido por una gran superficie. Hoy es un martes de febrero, por lo que la afluencia de los visitantes es escasa. Os dejo fotos.





Cansados pero satisfechos nos dirigimos al hotel por las calles llenas de farolillos rojos.

Y para acabar el día comemos una buena crep por 1,8 euros en un puestecito autèntico.

¡Y a dormir que nos lo merecemos!
Fins demà!
